La Fórmula 1 entra en su tradicional pausa estival, y Pedro de la Rosa, embajador de Aston Martin Aramco, cambia el mono de trabajo por ropa veraniega.
En su última entrega de The Steering Column, el expiloto español nos cuenta cómo ha vivido dos experiencias muy especiales: su primer crucero de lujo y su visita anual a Mallorca, una tradición que se remonta a varias generaciones en su familia.
El mes pasado, Pedro se embarcó en el Seven Seas Splendor, de la compañía Regent Seven Seas Cruises, para un exclusivo Spotlight Voyage.
Este itinerario llevó a los pasajeros por algunos de los destinos más icónicos del Mediterráneo, combinando el placer de viajar con la emoción del Gran Circo.

El viaje comenzó en Barcelona, con paradas en Valencia e Ibiza —donde Pedro se bajó momentáneamente para comentar el Gran Premio de Bélgica en televisión española—.
Después, el crucero continuó hacia Saint-Tropez, Livorno y Roma, en un ambiente tan exclusivo como relajado.
“Fue mi primer crucero y me malcriaron… no sé si podré viajar de otra forma después de esto.”
En el barco, los pasajeros encontraron un showcar de Aston Martin Aramco y un simulador de conducción donde pudieron ponerse al volante en circuitos míticos como Spa-Francorchamps.
También se organizaron charlas y mesas redondas con Pedro, que compartió anécdotas sobre la vida en la F1, desde los viajes y la logística de los equipos hasta la parte comercial y de marketing.
La tripulación sorprendió al piloto español con una demostración de maniobra en el puente de mando:
“El Seven Seas Splendor mide 224 metros, pero lo manejaban con un simple joystick. Fue increíble ver cómo una mole así giraba con tanta precisión.”
Terminada la experiencia en alta mar, Pedro de la Rosa prepara las maletas para su escapada anual a Mallorca, un ritual que su familia ha mantenido desde que él tenía apenas tres años.
El apellido De la Rosa procede de la isla, y su abuelo era mallorquín.
“Llevo yendo a Mallorca desde niño, y ahora hago lo mismo con mis hijos. Es un lugar que forma parte de mi vida.”
Con sus tres hijos estudiando fuera, este viaje es la oportunidad perfecta para reunirse y disfrutar juntos del verano:
“Son días para estar con ellos, desconectar y cargar pilas antes de volver al trabajo.”
Entre el glamour de un crucero de lujo y el calor de las tradiciones familiares en Mallorca, Pedro de la Rosa vive un verano diferente, pero igual de intenso que una temporada en la Fórmula 1.
Un descanso merecido antes de volver a sentir la adrenalina del asfalto.
Este parón no solo sirve para descansar; también es un momento clave para recargar energía mental y física. Pedro reconoce que el mundo de la Fórmula 1 es apasionante, pero exige un nivel de dedicación y concentración extremos, y que desconectar por completo ayuda a regresar con la mente clara y nuevas ideas.
En Mallorca, además de disfrutar de la playa y la gastronomía local, aprovecha para navegar, hacer rutas en bicicleta y pasar tiempo en familia sin la presión de un calendario lleno de viajes y compromisos. “Es mi forma de equilibrar las dos vidas que llevo: la del piloto y la del padre de familia”, comenta.
A su regreso, el español se reencontrará con el equipo Aston Martin Aramco en plena segunda mitad de temporada, con el objetivo de seguir sumando puntos y aportando su experiencia. “Lo mejor de parar es que vuelves con más hambre de carreras”, afirma.
Y así, entre el Mediterráneo, Mallorca y la Fórmula 1, Pedro de la Rosa demuestra que se puede vivir la velocidad… y también saborear la calma.

